A lo largo de nuestro día a día, solemos escuchar en las voces de algunos viandantes o compañeros de trabajo o clase, así como podemos leer en algunas columnas periodísticas el término ¨igualdad¨ en cuestiones políticas, sociales, económicas, familiares... Pero en algunas de esas ocasiones, los propios autores y autoras de estas palabras podrían confundir las palabras ¨igualdad¨ y ¨equidad¨.
Según la RAE, entendemos como ¨igualdad¨ la conformidad de algo con otra cosa en naturaleza, forma, calidad o cantidad. Por su parte, la RAE entiende por ¨equidad¨ la disposición del ánimo que mueve a dar a cada uno lo que merece.
En algunas ocasiones, la igualdad que reclamamos para determinadas cuestiones (fundamentalmente sociales), tendrían mejor solución si aplicásemos la equidad en dichas ocasiones. Por ejemplo, en la fotografía que a continuación aparece, el hecho de dar un cajón a cada niño no supondrá grandes cambios en el resultado final, aplicando el principio de igualdad. Sin embargo, por el contrario, si diésemos a cada niño producirá cambios significativos en el resultado final, si siguiésemos el principio de equidad.

Este ejemplo podríamos extrapolarlo a la diversidad funcional. Expongamos que tenemos dos sujetos en cuestión, siendo uno tetrapléjico, mientras que otro es parapléjico. Aparentemente, sin entrar en detalles de la inclusión que estos sujetos deberían tener en la sociedad, su vida cambiaría de una forma asombrosa si, en esa inclusión, no se realizara a ambos por igual, puesto que ambos, siendo aparentemente iguales al ojo humano (ambos van en silla de ruedas y no pueden andar por sí mismos), funcionalmente son muy distintos.
En esta ocasión, la autonomía del sujeto parapléjico será mucho mayor que la del sujeto tetrapléjico, por lo que tendría más sentido aplicar el principio de ¨equidad¨ y no el de ¨igualdad¨ frente a la inclusión de ambos, puesto que cada uno necesitará una ayuda específica para cumplir su objetivo, que será la mayor autonomía posible en ambos casos.
Con esta reflexión, a modo de conclusión, querría que el lector pusiese en cuestión bajo un ojo crítico que, en determinadas ocasiones (tras un estudio minucioso e individualizado de cada caso), las adaptaciones que tendríamos que realizar o las ayudas a prestar, deben de ser cuantificadas para que, aquel que necesite más ayuda, la obtenga, mientras que aquel que únicamente necesite una pequeña dosis, también la obtenga, pero que ambos lleguen al mismo objetivo, al mismo fin, no así que uno mejore muchísimo por su situación, mientras que otro, con los mismos medios y esfuerzo, no contenga esa recompensa, necesitando así una acción incrementada frente al otro sujeto en cuestión. Por lo que, muchas veces, no es ¨igualdad¨, sino ¨equidad¨ y viceversa.
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